terça-feira, 9 de agosto de 2011
Ya no seremos como el Che?
ALEJANDRO ARMENGOL
Dice la información: ‘’Miles de obreros, campesinos, estudiantes y combatientes refirmaron este domingo la vigencia del trabajo voluntario, a 50 años de su inicio cubano en la comunidad El Caney de Las Mercedes, en Granma.
La histórica Ciudad Escolar Camilo Cienfuegos (CECC), en cuya construcción el internacionalista Ernesto Che Guevara encabezó la jornada inicial el 22 de noviembre de 1959, fue sede de una masiva movilización para cerrar oficialmente las celebraciones de la efeméride, informó AIN’’.
La noticia es vieja. Fue publicada el 23 de noviembre de 2009 en Juventud Rebelde. Pero hay mucho más tiempo de por medio que esos casi dos años transcurridos. En otro momento, uno hubiera visto la información y la habría desechado por irrelevante. En esos 50 años de “trabajo voluntario”, cuántas veces pudo escribirse el mismo titular, narrar hechos similares y repetir frases del dirigente de turno, con el simple acto de cambiar la fecha. Ya no. Ahora la noticia es otra: se acabó el trabajo voluntario para tapar o eliminar la ineficiencia, malos métodos de trabajo y otras deficiencias administrativas. Se puso fin a una labor dónde prevalecía la pérdida de tiempo, y el gasto de recursos era muy superior al efecto económico del trabajo que se iba a realizar.
Lo trae el periódico Trabajadores. Los sindicatos ya no van a convocar más a jornadas de trabajo voluntario, y les van a decir a las administraciones que contraten personal al efecto.
“Amarilys Pérez Santana, integrante del Secretariado Nacional de la CTC, recordó que en lo adelante las entidades que necesiten emplear fuerza de trabajo para tareas eventuales o emergentes, de temporadas o estacionales, así como para sustituir a trabajadores ausentes por causas reconocidas en la legislación, deberán contratarla en la reserva laboral”, señaló la publicación.
Muy bien por parte de los sindicatos, salvo que hay muy poco de decisión propia en esta actitud.
De acuerdo al propio Trabajadores, este cambio de la política sindical ocurrió en febrero de este año, durante la realización del Pleno 87 del Consejo Nacional de la CTC, donde se acordó que tales movilizaciones para el trabajo productivo se desarrollaran en aquellas zonas que presenten una escasez de fuerza laboral que justifique su convocatoria o por afectaciones originadas por desastres naturales, tecnológicos, sanitarios, fenómenos climatológicos que dañen cosechas u otras producciones o servicios.
Así que ya lo saben los administradores, si no hay ciclón no hay trabajo voluntario.
Lo que debe llamar la atención es que Trabajadores haga referencia a este cambio en un artículo del primero de agosto de 2011, al mismo tiempo en que se celebraba la primera sesión del año de la Asamblea Nacional del Poder Popular, y en los mismos días en que la prensa cubana viene haciendo énfasis en los cambios económicos.
Por ejemplo, el gobierno cubano anunció hace una semana la eliminación de las movilizaciones de un millón de estudiantes para tareas agrícolas en el periodo vacacional, debido a que eran improductivas y generaban enormes gastos.
Así que al final la terca economía le ha ganado la batalla al voluntarioso Che. El trabajo voluntario o productivo o como quiera llamarse desaparece por una simple razón: resulta incosteable. A la hora de sacar cuentas, sale caro. En una economía capitalista, siempre hay que reducir costos. De lo contrario, quiebra el negocio. Y desde hace tiempo –lo repito por el azar de las palabras– Cuba está al borde de la quiebra.
Hay aún un párrafo casi de disculpa en el artículo de Trabajadores: “El trabajo voluntario como concepción no desaparece, pues constituye una formidable fuente formadora de conciencia, a la vez que desarrolla el colectivismo, la solidaridad, y es reconocido por la Constitución cubana y el Código de Trabajo; sin embargo –en innumerables ocasiones– solo sirvió para tapar o eliminar la ineficiencia, malos métodos de trabajo y otras deficiencias administrativas”.
La propuesta del Che Guevara del “trabajo voluntario” sirvió para fundamentar la política de estímulos morales en una economía deficiente. Nunca funcionó. Llevó al establecimiento del “horario de conciencia” en las fábricas, ministerios y dependencias estatales. Los empleados entraban a trabajar y no sabía a qué hora volverían a sus hogares. En realidad no hacían nada. Abandonaban sus escritorios y maquinarias y se iban al cine, a hacer una cola para adquirir algún producto y a dormir a sus casas. Regresaban horas más tarde para marchase. Ir al trabajo de nuevo, con el único objetivo de fingir una salida. Se pasaban el día en la calle, pero “cumplían” un horario astronómico de horas, que en muchos casos también incluía los días de descanso. Dedicaban todos sus esfuerzos a una farsa que se limitaba a cubrir las apariencias, sin preocuparse por otros resultados que no fueran aparentar el avance incontenible de la labor revolucionaria.
Después, en asambleas mensuales, trimestrales y anuales, recibían una felicitación, un gallardete o un diploma. La política de los estímulos materiales fue todo un éxito en los informes. Porque a nadie le preocupaba que el país no produjera y las tiendas estuvieran vacías. Y a los que les preocupaba se callaban o trataban de abandonar la isla.
Al Che se le perdonan todos sus errores, porque es un muerto con suerte. Por supuesto nunca fue un vivo con suerte, hazaña casi imposible cerca de Fidel Castro.
Ahora llega la noticia desde Cuba que no desaparece el “trabajo voluntario”, pero queda condenado al encierro entre documentos, a merced de la crítica de los ratones.
Pero entonces, ¿de ahora en adelante ya no seremos como el Che?
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