Pesquisar este blog

sexta-feira, 25 de novembro de 2011

E no Paraíso da fartura (ou será "faltura"?)...


No hay leche de vaca
Por Ana Alonso
Viernes, Noviembre 25, 2011



SANTA CLARA, Cuba 24 de noviembre (Ana Alfonso Arteaga, www.cubanet.org )
– El acopio de leche de vaca disminuyó en la segunda quincena de noviembre en Villa Clara, mientras, se distribuye leche en polvo importada para suplir el déficit existente, expresó director de Productos Lácteos en el territorio.

Luís Martínez Roche, director de Productos Lácteos, expresó que Santa Clara, Ranchuelo y Manicaragua son los municipios con mayores atrasos en el acopio de leche, y por tal motivo ha comenzado la venta de leche en polvo para los enfermos con dietas especiales y las embarazadas en estos territorios. El funcionarió dijo además que esta distribución se mantendrá hasta el próximo año.

Otras fuentes han expresado que el problema en la distribución de la leche de vaca no solo se debe solamente a la disminución de la producción, sino también a la falta de las bolsas de nylon en que se envasa, el compresor y la transportación.

Agregó Martínez Roche que el país está invirtiendo sumas millonarias en la compra de leche en polvo en el exterior para suplir el déficit en la producción de leche de vaca.

La leche de vaca en Cuba se vende racionada solamente a niños menores de 7 años, enfermos que requieran alimentación especial, y ancianos. Puede adquirirse en las tiendas que venden en divisas a precios prohibitivos para la inmensa mayoría de la población, que percibe salarios que no sobrepasan los 20 dólares mensuales.

quarta-feira, 23 de novembro de 2011

Ser governado é...

Ser governado significa, a cada ato e a cada transação, ser notado, registrado, matriculado, taxado, rotulado, medido, numerado, avaliado, habilitado, autorizado, admoestado, proibido, emendado, corrigido, punido. É, sob o pretexto da utilidade pública e em nome do interesse geral, ser posto na condição de contribuinte, instruído, redimido, explorado, monopolizado, coagido, espremido, mistificado, roubado; então, à primeira palavra de reclamação, ser reprimido, multado, desprezado, assediado, afrontado, golpeado, desarmado, asfixiado, aprisionado, julgado, condenado, fuzilado, deportado, sacrificado,vendido, traído e, para coroar isso tudo, ridicularizado, ultrajado, desonrado.

Pierre-Joseph Proudhon
General idea of the revolution in the nineteeth century

segunda-feira, 21 de novembro de 2011

O erro de Foucault


Luiz Felipe Ponde
Folha de São Paulo, 21/11/2011

A revolução do Irã e seu fascínio pelo martírio foram importantes no "último Foucault"

Você sabia que o pensador da nova esquerda Michel Foucault foi um forte simpatizante da revolução fanática iraniana de 1979? Sim, foi sim, apesar de seu séquito na academia gostar de esconder esse "erro de Foucault" a sete chaves.

Fico impressionado quando intelectuais defendem o Irã dizendo que o Estado xiita não é um horror.

O guru Foucault ainda teve a desculpa de que, quando teve seu "orgasmo xiita", após suas visitas ao Irã por duas vezes em 1978, e ao aiatolá Khomeini exilado em Paris também em 1978, ainda não dava tempo para ver no que ia dar aquilo.

Desculpa esfarrapada de qualquer jeito. Como o "gênio" contra os "aparelhos da repressão" não sentiu o cheiro de carne queimada no Irã de então? Acho que ele errou porque no fundo amava o "Eros xiita".

Mas como bem disse meu colega J. P. Coutinho em sua coluna alguns dias atrás nesta Folha, citando por sua vez um colunista de língua inglesa, às vezes é melhor dar o destino de um país na mão do primeiro nome que acharmos na lista telefônica do que nas mãos do corpo docente de algum departamento de ciências humanas. E por quê?

Porque muitos dos nossos colegas acadêmicos são uns irresponsáveis que ficam fazendo a cabeça de seus alunos no sentido de acreditarem cegamente nas bobagens que autores (como Foucault) escrevem em suas alcovas.

No recente caso da USP, como em tantos outros, o fenômeno se repete. O modo como muito desses "estudantes" (muitos deles nem são estudantes de fato, são profissionais de bagunçar o cotidiano da universidade e mais nada) agem, nos faz pensar no tipo de fé "foucaultiana" numa "espiritualidade política contra as tecnologias da repressão".

E onde Foucault encontrou sua inspiração para esse nome chique para fanatismo chamado "espiritualidade política"?

Leiam o excelente volume "Foucault e a Revolução Iraniana", de Janet Afary e Kevin B. Anderson, publicado pela É Realizações, e vocês verão como a revolução xiita do Irã e seu fascínio pelo martírio e pela irracionalidade foram importantes no "último Foucault".

As ciências humanas (das quais faço parte) se caracterizam por sua quase inutilidade prática e, portanto, quase impossibilidade de verificação de resultados.

Esse vazio de critérios de aplicação garante outro tipo de vazio: o vazio de responsabilidade pelo que é passado aos alunos.

Muitos docentes simplesmente "lavam o cérebro" dos alunos usando os "dois caras" que leram no doutorado e que assumem ter descoberto o que é o homem, o mundo, e como reformá-los. Duvide de todo professor que quer reformar o mundo a partir de seu doutorado.

Não é por acaso que alunos e docentes de ciências humanas aderem tão facilmente a manifestações vazias, como a recente da USP, ou a quaisquer outras, como a dos desocupados de Wall Street ou de São Paulo.

Essa crítica ao vazio prático das ciências humanas já foi feita mesmo por sociólogos peso pesado, em momentos distintos, como Edmund Burke, Robert Nisbet e Norbert Elias.

Essa crítica não quer dizer que devemos acabar com as ciências humanas, mas sim que devemos ficar atentos a equívocos causados por essa sua peculiar carência: sua inutilidade prática e, por isso mesmo, como decorrência dessa, um tipo específico de cegueira teórica. Nesse caso, refiro-me ao seu constante equívoco quanto à realidade.

Trocando em miúdos: as ciências humanas e seus "atores sociais" viajam na maionese em meio a seus delírios em sala de aula, tecendo julgamentos (que julgam científicos e racionais) sem nenhuma responsabilidade.

Proponho que da próxima vez que "os indignados sem causa" ocuparem a faculdade de filosofia da USP (ou "FeFeLeCHe", nome horrível!) que sejam trancados lá até que descubram que não são donos do mundo e que a USP (sou um egresso da faculdade de filosofia da USP) não é o quintal de seus delírios.

Agem com a USP não muito diferente da falsa aristocracia política de Brasília: "sequestram" o público a serviço de seus pequenos interesses.

No caso desses "xiitas das ciências humanas", seus pequenos delírios de grande "espiritualidade política".

ponde.folha@uol.com.br

segunda-feira, 14 de novembro de 2011

La corrupción en Cuba es inherente al sistema


El Fiscal sabe que la corrupción en Cuba es total, de arriba abajo, de un lado a otro. Es el pan de cada día, la supervivencia

Félix Luis Viera, México DF | 11/11/2011

“La corrupción que se enfrenta en Cuba es administrativa”, ha dicho el Fiscal General de Cuba, Darío Delgado, en el “V Encuentro internacional sobre la sociedad y sus retos frente a la corrupción”, inaugurado en La Habana el pasado día 9 del presente mes. Podríamos pensar que el Fiscal es muy ingenuo. Pero no: miente. El Fiscal sabe que la corrupción en Cuba es total, de arriba abajo, de un lado a otro. Es el pan de cada día; la supervivencia. Así ha tenido que ser, y así será mientras en la Isla se mantenga la economía estalinista, estatal. Así fue, hasta el final, en los países que una vez estuvieron bajo este régimen.

Sabe el Fiscal General que, desde la década de 1960, han sido numerosas las autoridades cubanas que se han expresado en iguales términos. Infinidad de bandos, resoluciones, formularios de ética, advertencias, leyes, decretos han visto la luz para detener el desvío de recursos. Y nada. Porque las personas necesitan vivir, y para ello, en Cuba, es menester robar; robar lo que solo posee el Estado y que resulta decisivo para la subsistencia del ciudadano. Pero no, esto no es “robar”. Se trata, dicho en buen cubano de hoy, de “resolver”, que es otra cosa muy distinta: llevarse algo del centro de trabajo, que esos son bienes del Gobierno, no de un amigo, de un vecino; de modo que no hay dolo. “Lo que es de todos no es de nadie” (acaso será de quien se lo lleve primero), reza la vieja máxima que la economía estatal estalinista quiso olvidar.

En Cuba, para aquellos que no lo saben, es totalmente natural que el padre —o la madre— llegue a la casa con un paquete de algodón, una pieza de carne, una resma de papel, un trozo de cable eléctrico y diga que lo “resolvió” en su centro de trabajo o con un amigo. Para un hijo, un buen padre es aquel que “resuelve” con ahínco. Así está la moral en nuestro país. Nunca se sabrá, pero el monto del robo hormiga durante más de medio siglo debe constituir una cifra espeluznante que ha desangrado la economía cubana y, sobre todo —sobre todo—ha dañado o no ha dejado nacer la honestidad absoluta en varias generaciones.

Dicho lo anterior, afirmamos con más razón que Darío Delgado miente con pleno conocimiento de causa cuando, en la reunión ya aludida, ha manifestado: “Si existe un sistema social en condiciones de prevenirlo y enfrentarlo eficazmente (el fenómeno de la corrupción), ese es el socialismo, por ser un sistema en el que la cultura y la educación general son pilares y se les enseña a sus hombres y mujeres el valor de la vergüenza, la dignidad, el decoro y los principios, y a sus dirigentes la austeridad, el sacrificio y el respeto al pueblo”. Ya ven…

Y, como ya decía antes, centra su alegato el Fiscal General en que la corrupción en Cuba es “administrativa” para sugerir, quizá, las más recientes acciones legales que se han llevado a cabo contra altos funcionarios del régimen. ¿Alguien podría deslindar lo que es “administrativa” en un país donde todo es administrativo, donde el Gobierno lo administra todo, desde las altas sedes de las empresas hasta el más remoto almacencito de piezas de repuesto? Y por otra parte, ¿algún cubano de más de 50 años de edad no recuerda esta misma declaración dicha a voz en cuello hace una, dos, tres, cuatro o más décadas atrás y la promesa de combatir la corrupción “a sangre y fuego”?

Sabe perfectamente el Fiscal General de Cuba que la corrupción es inherente al sistema que rige en aquel país, que socialismo y corrupción son sinónimos porque, sencillamente, no puede ser de otra manera. Entonces, ¿por qué miente? Pues por lo mismo que otros, mucho antes que él, mintieron sobre el mismo tema; porque, cuando se está en la radiante cima de una montaña llena de abrojos, de oquedades, contingencias, bien vale, para algunas personas, cualquier mentira, cualquier despropósito para seguir en esa cima al menos el mayor tiempo posible. Es decir, otra variante de la corrupción.

El Papa o la Papa?

Leite no Paraíso: há quem acredite...


Hablando de leche

Viernes, Noviembre 11, 2011 | Por Alberto Méndez Castelló


PUERTO PADRE, Cuba, noviembre (www.cubanet.org)
– Si usted es de los turistas que viene a solearse por acá, cuando se incorpore a la carretera que va a Villa Covarrubias, deténgase poco después del anuncio del motel, justo al pasar el primer puente.

Al cruzar el río, y ya aparcado, observe a su derecha, pero no se le ocurra sacar una cámara y tomar fotografías. Según el artículo 97.3 del Código Penal puede ser acusado y enfrentar una sanción de 5 a 20 años de cárcel por espionaje, porque se encuentra en una zona militar. Sólo venga, mire, y trate de comprender.

Si al bajar de su auto ve un tanque o un cañón de largo alcance disparando no se asuste, que los artilleros se la pasan jugando a la guerra; y por supuesto ustedes, los turistas, yendo y viniendo del aeropuerto a la playa y de la playa al aeropuerto.

Pero venga y mire. Se le perderá la mirada ante el verdor, no de un bosque, sino de los más tupidos matorrales que pueda imaginar. Son miles, millones de arbustos espinosos. Son tantos, que al otro lado, al final de lo verde, está el mar, y los barcos pasan sin peligro lejos de los blancos de los cañones.

Luego de observar el extenso matorral, le propongo hacer una abstracción: imagine ese terreno cubierto de pasto, y sobre él, el ganado pastando, en lugar de los soldados con su artillería correteando por entre los arbustos espinosos.

Hace 50 años, sobre esta extensión de tierra no había un solo arbusto espinoso, sino miles de hectáreas de pasto natural y artificial, en las que pastaban centenares de cabezas de ganado.

Justo después del otro lado del puente, desde donde se puede observar el extenso terreno baldío, comenzaba la propiedad del viejo Julio Queral; 50 caballerías donde pastaban mas de mil reses y algunas vacas selectas importadas de Estados Unidos.

-Pasé tremenda pena con el viejo Julio -relata Luis Iglesias, septuagenario residente en la zona-. Estaba en el parque contando lo que producían las vacas que su hijo Mario había traído de Estados Unidos, y le dije: ¡Qué guayaba!, y el viejo se me encaró: “Mañana lo espero en la vaquería y no comienza el ordeño hasta que usted llegue”. Oiga, ¡más de 30 litros daba cada vaca de aquellas! ¿Y sabe a dónde fueron a parar después que el gobierno las confiscó? A un matadero, porque dijeron que estaban enfermas.

Pero la ruina de la ganadería en Cuba data de una época posterior a las expropiaciones. Todo lo que se realiza en el país se basa en campañas de propaganda; y sí, las vacas como Ubre Blanca tuvieron su época de esplendor socialista. Como la tuvo el azúcar cuando la zafra de los 10 millones, o la guerra en Angola, o la batalla por el niño Elián, o la de las ideas por el Socialismo del siglo XXI, con sus miles de tribunas y discursos.

Mire usted esos matorrales espinosos, y aunque el General Raúl Castro dice que aquí hay tierra para que las vacas pasten y produzcan leche para todo el que quiera tomarse un vaso, dígame usted, que viene a gastarse sus dólares en la isla, ¿qué cree del asunto? ¿Aparecerá de verdad el vaso de leche en Cuba de entre esos matorrales, o será sólo la perorata de un General hablando de leche?

Observação do blog: No paraíso, leite só até os 7 anos...

Roteiro para explicar um fracasso...


Medianías, manipulación y mano dura


Raúl Rivero
El Nuevo Herald, 13/11/2011


Madrid – El régimen cubano quiere esperar el año nuevo con un buen grupo de sus servidores intermedios pasados al enemigo por negarse a aceptar el proceso de cambios. Otra zona del rebaño recibirá 2012 en el bando de los corruptos y ambiciosos que se han dejado seducir por las prótesis del capitalismo. Y la élite continuará inmaculada en su limbo de lujo y poder.

Esos son los caminos que ya han comenzado a recorrer en la Isla. Desde las cumbres de la burocracia se ha hecho una generosa y variada selección de culpables para explicar porqué no funciona ese engendro económico que han instalado. Los elegidos van a pagar por un fracaso que estaba previsto desde el primer momento por sus diseñadores, unos compadres sin verdadera vocación de cambio que viven atentos nada más que a la permanencia de su señorío.

Los que aparecen en cuarentena por lo que allá se llama el síndrome de Robin Hood (robar al rico –el estado– para favorecer al pobre) la van a pasar peor. Son los que han aprendido a aprovecharse de las torpezas y arbitrariedades del sistema y han conseguido, en unos casos, vencer a duras penas la libreta de abastecimientos y, en otros, alcanzar un nivel de vida muy superior al de los grandes sectores de la sociedad.

Se han hecho públicos dos o tres casos de altos funcionarios y de empresarios extranjeros, pero el centro del trabajo de la Contraloría General de la República tiene como objetivo perseguir “desvíos de fondos o bienes y prebendas que obtenían empleados públicos desde sus puestos, así como pequeños robos realizados por algunos dependientes”.

Es decir, van hacia las medianías y hacia el que se lleva dos cámaras de gomas de bicicleta en un garaje estatal como si en esos delitos estuviera el origen del desastre de la economía.

En esos dominios todo queda claro. Son los funcionarios medios y los ladrones oficiales quienes le han lanzado las potalas al período de transformaciones que los líderes quieren llevar adelante.

Están en el banquillo y a merced del escarnio y el rechazo popular los mediocres de baja estofa, los hombrecillos cerrados y corruptibles que no tienen alcance para entender el giro que la dirección del Partido Comunista le quiere dar al país. Esa es la idea.

Para el año que viene hay más planes. El gobierno quiere contar con un canal de noticias de 24 horas. Una especie de Radio Reloj que repite las informaciones de la prensa estatal, pero con imágenes administradas por la televisión estatal. Es un esfuerzo por evitar que los cubanos sepan lo que realmente pasa en el mundo o, al menos, un intento de aliviar el impacto de las informaciones de la prensa internacional que puedan llegar por otras vías a la sociedad.

Y como telón de fondo general para los doce meses lo de siempre: represión y acoso para los opositores pacíficos, las Damas de Blanco y el periodismo independiente.

Read more: http://www.elnuevoherald.com/2011/11/13/1063833/raul-rivero-medianias-manipulacion.html#ixzz1dh0N6NIf

Uééééééééé................


Seguradoras bancam evento para cúpula da Justiça em resort


Ministros do STF, STJ e TST participaram de seminário em hotel de luxo com diária de até R$ 8 mil, no Guarujá

Associação de juízes diz que o encontro ajudou a aperfeiçoar a 'administração do Judiciário no país'

FREDERICO VASCONCELOS
GIULIANA VALLONE
INARA CHAYAMITI
DE SÃO PAULO


A convite da Confederação Nacional de Seguros, instituição privada, ministros do STF (Supremo Tribunal Federal), do STJ (Superior Tribunal de Justiça) e do TST (Tribunal Superior do Trabalho) participaram de seminário em hotel de luxo no Guarujá (SP), no início de outubro.

O evento, que aconteceu num hotel cinco estrelas, o Sofitel Jequitimar Guarujá, começou numa quinta-feira e prolongou-se até domingo.

No período, as diárias variavam de R$ 688 a R$ 8.668. Além dos ministros, desembargadores e juízes de tribunais estaduais participaram do seminário.

O congresso teve o apoio da AMB (Associação dos Magistrados Brasileiros) e da Apamagis (Associação Paulista de Magistrados), mas não foi divulgado nos sites dessas entidades.

Foram discutidos assuntos de interesse dos anfitriões, como o julgamento de processos sobre previdência complementar e a boa-fé nos contratos de seguros.

O presidente da AMB, Henrique Nelson Calandra, diz que o seminário promovido pelas seguradoras "colaborou para o aperfeiçoamento da administração da Justiça do país" e que contou com o "debate de temas polêmicos".

Mas o diretor-executivo da Transparência Brasil, Claudio Weber Abramo, vê conflito de interesses na presença de juízes nesses eventos.

"No Executivo federal, ninguém pode receber presentes acima de R$ 100. Os magistrados também deveriam adotar esse critério", defende Abramo.

HISTÓRICO

Em 2009, a Febraban (Federação Brasileira de Bancos) pagou as despesas de magistrados do Trabalho acompanhados de suas mulheres em congresso em resort na Bahia.

Na ocasião, o CNJ (Conselho Nacional de Justiça) foi questionado sobre a falta de normas para juízes aceitarem convites desse tipo.

O tema viria novamente à tona no início deste mês, quando 320 juízes do Trabalho disputaram provas esportivas em Porto de Galinhas (PE). O luxuoso encontro foi patrocinado por empresas públicas e privadas.

Foi anunciado, então, que a corregedora nacional de Justiça, ministra Eliana Calmon, pretendia apresentar no CNJ uma proposta para regulamentar a participação de juízes nesse tipo de evento.

Outro lado

Para AMB, evento foi 'puramente acadêmico'


O presidente da AMB (Associação dos Magistrados Brasileiros), Henrique Nelson Calandra, diz que o seminário das seguradoras no Guarujá não teve divulgação ampla porque foi "um convite para evento puramente acadêmico, com número de vagas limitado para juízes".

"Cada escola de magistrados do Brasil indicou um juiz de primeiro grau e um colega de segundo grau", explicou Calandra. "Não foi aberto a toda a classe porque nós não teríamos onde colocar essas pessoas", concluiu.

A Escola Nacional da Magistratura e a Escola Nacional de Seguros responderam pela parte financeira. "Nada extraordinário", diz.

"Quem convida naturalmente paga", afirma, sobre as despesas com a hospedagem dos ministros que proferiram palestras.

Calandra justifica a opção por um hotel de luxo, no litoral, fora da temporada: "Você consegue um custo bem menor do que na capital, onde não vai achar vaga, e tem a condição de segurança mais resguardada". (FV, GV, IC)

A Folha apurou que se trata de uma ideia ainda não colocada no papel.

E aí tem mais Dilmaquinista...


Fora com Lupi!


Ricardo Noblat,
http://oglobo.globo.com/pais/noblat/ | 14/11/2011




Quer saia logo do governo ou não, Carlos Lupi, ministro do Trabalho, garantiu modesta nota de pé de página em livro de História sobre o governo Dilma Rousseff como o auxiliar que mais constrangeu a presidente antes de levar finalmente um merecido pé na bunda.

Até aqui, pelo menos, trata Dilma como se ela não passasse de um desdentado tigre de papel.

Diga-se a favor de Lupi que ele não foi o único a resistir a deixar o cargo.

Salvo Nelson Jobim, ministro da Defesa e afilhado de casamento de José Serra, os demais desabrigados do governo em sua fase inaugural foram embora contrariados ou cuspindo fogo. Afinal, ser ministro é muito bom. Todos o cortejam e paparicam. Sem falar das vantagens que de fato importam.

O fogo cuspido por um ou outro não provocou mossa em Dilma - longe disso. Ela foi hábil ao lidar com as diversas situações.

Antônio Palocci, ministro da Casa Civil, por exemplo, saiu sob aplausos. Os olhos de Dilma ficaram marejados.

Só faltou uma orquestra de metais para embalar com músicas épicas a saída triunfal de Orlando Silva do ministério do Esporte. Foi emocionante!

Alguém estranho aos nossos costumes – um nórdico ou anglo-saxão - teria dificuldade em entender por que se demite um ministro e depois se junta um coro de carpideiras para chorar sua saída.

Somos latinos e melífluos, essa é que é a verdade. E também cínicos por natureza.

Lupi dispensou choro, vela e tapinhas nas costas. Aproveitou sua condição de único e inquestionável donatário do PDT fundado por Leonel Brizola para falar grosso, dizer desaforos e comportar-se como se lhe coubesse dirigir a cena protagonizada por ele mesmo.

Quis ser valente – foi apenas vulgar. Tentou fazer graça – pareceu um cafajeste.

O grosso: “Conheço a presidente Dilma há 30 anos. Duvido que ela me tire. Nem na reforma ministerial”.

O desaforado: “Daqui ninguém me tira. Só se for abatido à bala. E tem de ser bala de grosso calibre porque sou pesado”.

O vulgar: “Sou osso duro de roer”.

O cafajeste: “Presidente, me desculpe se fui agressivo. Dilma, eu te amo”.

Se não tivesse outros motivos para demitir Lupi, Dilma ganhou de graça um poderoso e definitivo motivo ao ouvir dele em depoimento no Congresso o debochado pedido de desculpas.

“Dilma, eu te amo” é a maneira mais sarcástica de tirar de alguém a majestade do seu cargo e de reduzir-lhe a autoridade.

Deveria ter sido despachado no ato. Mas o tigre só miou.

A soberba de Lupi voltou a se manifestar quando ele foi homenageado na última sexta-feira pela Assembléia Legislativa do Rio de Janeiro.

Agarrado à calça que a todo instante ameaçava deixá-lo só de cuecas, Lupi prometeu como se lhe sobrasse poder para tanto: “Vou acabar com o ciclo de ministros demitidos no grito. Ah, vou!”.

Dilma pensou a mesma coisa quando Lupi começou a ser atingido por denúncias de malfeitos. Disse a um assessor: “Não, não vou deixar que a imprensa derrube um ministro a cada semana”.

Evoluiu depois para a posição de demitir Lupi ao reformar seu ministério. Não está mais certa disso depois de ter lido a VEJA no fim de semana.

Ali resta provado que Lupi mentiu ao Congresso ao negar que tivesse voado em jatinho de empresário. E que mentiu novamente ao fingir que mal conhecia Adair Meira, um gaúcho dono de ONGs.

Lupi viajou pelo interior do Maranhão no jatinho King Air de Meira. E mais: na companhia do próprio Meira, aquinhoado depois com contratos suspeitos no governo.

Roubar nas barbas do presidente não é necessariamente razão para ser demitido. Não é mesmo.

Ao lotearem seus governos com os partidos, os presidentes sabem que pagarão o preço de fechar os olhos a pequenos grandes roubos.

Mas mentir ao Congresso, por mais que o Congresso seja uma casa de mentiras, é um crime grave. Ou assim deveria ser encarado.

A se admitir que nada aconteça ao ministro de Estado que mente diante dos representantes do povo, o melhor é decretar de uma vez por todas que vivemos em uma falsa democracia. E que o servidor público número um, o presidente da República, é também o farsante público número um.

Enquanto isso, Dilmaquinista segue fazendo carreira...


Celso Arnaldo e a conversa fiada do pavio curto: ‘Toda essa macheza de Dilma não impede a roubalheira no primeiro escalão’


CELSO ARNALDO ARAÚJO
http://veja.abril.com.br/blog/augusto-nunes/ | 13/11/2011


Ficamos sabendo pela própria Folha, semana passada, que a presidente Dilma Rousseff ─ mais implacável, competente e inovadora que Steve Jobs, embora não domine os rudimentos de sua própria língua – tem um prazer todo especial em “espancar” projetos que não param de pé, fulminados pela saraivada de perguntas certeiras da douta gerente que sabe tudo de tudo.

Devem ser projetos com a configuração anatômica do boneco João Bobo, porque, aprovados por ela depois dessa sessão UFC/MMA, estão todos aí, se arrastando, silenciosos como fantasmas sem correntes nos pés, a exemplo das fabulosas 6 mil creches prometidas para seu mandato, nas quais as crianças entrariam subnutridas e sem rumo, saindo dois anos depois rebatizadas como Eike Batista Jr. ou Lily Safra da Silva.

Agora, na Folha deste domingo, tropeça-se de novo no velho projeto de conversa fiada que não apenas não para de pé como, invertendo os papéis, espanca furiosamente o que hoje se sabe, de verdade, sobre a presidente Dilma. As páginas A16 e A17 dessa edição merecem um lugar na história das grandes mistificações, em galeria de honra onde estão, por exemplo, Os Protocolos dos Sábios de Sião. Mas Os Protocolos da Sábia Dilma não trazem revelação alguma.

Ao contrário: apenas conspiram, de maneira mais agressiva e orquestrada, a favor de uma velha mentira – a existência de uma presidente que, por trás da casca grossa e da deselegância no trato pessoal, abriga a mais competente administradora da história do Brasil, a presidente que leu mais do que o professor Fernando Henrique, conhece mais de canteiro de obra que o peão Lula, é impaciente com o malprovado, implacável com o malfeito e intransigente com o maldito.

As grosserias atribuídas a ela, na matéria da Folha deste domingo, por conta de um “pavio curto” que seria apenas a ponta mais visível de uma colossal competência, soam apenas como falas da impagável imitação proibida para menores feita para o site Kibeloco pelo humorista mineiro Gustavo Mendes – que aliás, segundo o jornal, a imitada acha muito engraçado, talvez pela fidelidade. Levadas a sério, não passam de bravatas de uma presidente incapaz de encadear um raciocínio.

LINGUAGEM BERLUSCONIANA
Vejamos. Relata a Folha que, comandando uma reunião interministerial para discutir medidas de apoio a dependentes químicos, enfureceu-se com um funcionário da Saúde que sugeriu uma sigla para identificar a nova política do governo:

“O quê? Você está me sugerindo mais uma sigla?”, explodiu a presidenta que conhece cada escaninho do governo. “Você sabe quantas siglas tem no Ministério da Saúde?” – e, ainda segundo a Folha, se pôs a enumerar várias delas. Citou uma, em particular – uma tal CAP-AD, Centro de Atenção Psicossocial Antidrogas. E, neste momento, deu uma mostra do tipo de linguagem berlusconiana que costuma empregar no Palácio e que não repetiria nem diante do apresentador Ratinho:

─ Você sabia que os CAPs-AD fecham às 18 horas? Você chega para o drogado e fala: “Drogado, são 18 horas. Tchau, drogado, volta amanhã”.

Espere: os tais CAPs-AD, e as demais siglas que não funcionam, pertencem ao governo Dilma ou Chávez? Não é ela que manda e desmanda? Se ela já sabia desse horário de repartição pública ao dar a bronca, por que não mandou estender o atendimento? Depois dessa rotunda falta de sensibilidade presidencial ao se referir ao dependente, os CAPs passaram a atender 24 horas? Hoje, quando um dependente liga pedindo ajuda, a atendente pergunta “boa noite, drogado, em que posso ajudá-lo?”. Ou o tal funcionário que propôs nova sigla saiu da reunião chorando e tudo ficou por isso mesmo? Quer apostar?

O raciocínio pode ser estendido a todas as situações “pavio curto” relatadas na matéria. A grosseria funcionou? As coisas andaram? Nenhuma palavra. O day after da bronca não interessa à Folha nem aos que alimentam ou se deixam levar pela mistificação. E a repórter do jornal caprichou no perfil:

*”Tem gente que nem decide nem submete a ela, com medo da bronca”

*”Com Dilma a coisa é pessoal, olho no olho, em público e quase sempre aos gritos”

*”O cara sabe na hora que vai para o pelourinho”

*”O bordão meu querido é outro sinal de encrenca”

*”Tem ministro que se abala emocionalmente”

TROVEJANDO NA CHUVA
Toda essa macheza, como se sabe, não impediu, sequer dificultou, a roubalheira generalizada no primeiro escalão, debaixo de seu nariz empinado. Não fez andar o Minha Casa Minha Vida – nem a indústria fabricante de peças Lego pode materializar a promessa de três milhões de casas até o fim do governo. E, de novo, onde estão as creches? Que funcionário está levando porrada de Dilma até a primeira criança ser atendida? O teco-teco que conduz o ministro Lupi e sua turma de ongueiros de estimação vai um dia poder pousar no terceiro aeroporto de São Paulo e dali direto para o DP de Guarulhos?

Mas é preciso reconhecer algo de bom na bomba por trás desse pavio curto – Dilma é democrática na distribuição de patadas. A Folha traz dois casos envolvendo um general de carreira, Marco Antônio Amaro dos Santos, chefe da segurança presidencial, que está até agora contando as estrelas que caíram de seus ombros, depois dessas invertidas.

O general, que acompanha Dilma até na porta de toilettes, não conseguiu entrar no elevador que levaria a presidente ao térreo do Palácio do Planalto. Pegou o próximo, mas, ao chegar, viu que Dilma, irritadíssima com o “atraso” do guarda-costas, já estava dentro do carro, com o motor ligado. Ainda tentou correr ─ como os agentes do Serviço Secreto americano que acompanham a pé a limusine presidencial em carreata ─ mas perdeu o bonde. Mais tarde saberia pelo motorista o teor do comando irrevogável de Dilma no momento em que ele corria, esbaforido, atrás de sua protegida:

─ Pode tocar!!!

Freud talvez explique essa reação, invocando os tempos em que Estela era guardada por militares em outras circunstâncias. E o mesmo general Amaro, que a esta altura tem toda a nossa solidariedade civil, seria vítima do lado mais light do gênio feroz da presidente de ferro. Em Nova York, para a abertura da assembleia da ONU, Dilma tinha acabado de fazer o cabelo com seu personal coiffeur, Celso Kamura, que se deslocara do Brasil só para pentear madame, e notou que, no trajeto entre o hotel e o carro, seu hairspray deixaria de estar imaculado: garoava. Amaro daria sua vida para proteger, com o próprio corpo, a presidente de um louco no caminho. Mas não tinha um guarda-chuva para abrigá-la dos pingos, naqueles poucos metros. Dilma enfureceu-se. Desta vez, ela não gritou uma ordem unida estilo BOPE contra o fiel segurança. Apenas alvejou-o com fino sarcasmo, apontando seu capacete de fios:

─ Pô, general…

As reticências da transcrição da Folha sugerem que ela pensou coisa muito pior sobre o general, mas outra questão aqui se impõe: em vez de levar Celso Kamura para Nova York, não seria muito mais barato levar um guarda-chuva?

Para não esquecermos... (2)


GIN DISSE ASSIM? AMÉM!
Janer Cristaldo, 18/06/1989


Voltando da Patagônia, tive a grata surpresa de ler uma saraivada de artigos xingando singela crônica que publiquei neste jornal, tendo “Lá!” como título, pois para lá eu mandava os arautos do totalitarismo. Sem falar que soube que seis sacerdotes da região de Joinville, em vez de contestar-me nas páginas sempre abertas deste jornal, queriam, através de um abaixo-assinado, nada mais nada menos do que privar-me de voz.

Lástima que faltou a assinatura do bispo. A estes senhores, meus agradecimentos, pois a mim me agrada lançar idéias que confundem, já que de certezas estamos fartos. Adoro irritar aiatolás, sem falar que sei que tenho, daqui pela frente, seis fiéis leitores a mais destas mal-traçadas. Mas o que mais me surpreendeu não foi a previsível reação do obscurantismo. Foi, isto sim, o ulular das esquerdas. Só porque, em “Lá!”, manifestei minha ojeriza a regimes ditatoriais. Meu pecado parece ter sido falar mal do mundo socialista e, particularmente, da Disneylândia das Esquerdas, o gulag tropical instalado por Castro no Caribe, Cuba, a intocável.

Entrecruzaram-se artigos louvando o bem-estar cubano e as mazelas nossas, automaticamente atribuídas ao capitalismo. Para responder a meus oponentes, teria de escrever três ou quatro ensaios, tantas são as objeções destes senhores que, vivendo em um país onde uma cervejinha gelada não é privilégio da Nomenklatura, louvam sistemas pelos quais talvez passaram mas onde certamente jamais viveriam, tanto que cá estão. Tal atitude traz-me à lembrança discussão que tive na Hauptbahnhof de Berlim Ocidental, com duas amigas que lá moravam, sempre louvando o regime do outro lado do Muro. Detentoras de ações de sólidas empresas brasileiras, insistiam em louvar o regime do lado de lá. Mas por que vocês não vão então morar lá? — quis saber.

A fronteira estava ali, a poucos minutos de distância, bastava tomar um trem para entrar no paraíso, eu jamais vira duas crentes tão perto do céu. “Ah! Mas acontece que morar lá não é fácil”, resmungaram as duas, meio sem jeito. Em suma, paraíso onde ninguém quer viver e, de onde, os que lá vivem, não podem sair, não me convence. Raros, para não dizer raríssimos, foram os exilados que se refugiaram em Havana ou Moscou. A maioria preferiu as delícias capitalistas de Paris, Berlim ou Estocolmo.

Em meus dias de Europa, assisti palestras de exilados que afirmavam só voltar ao Brasil de metralhadora em punho. Mal saiu a anistia, voltaram sem metralhadora alguma, e chorando. Diga-se o que quiser do Brasil, não é fácil conter as lágrimas, após uma prolongada estada no Exterior, quando avistamos o Corcovado, apesar daquele Cristo horrendo estaqueado lá em cima. Digam o que quiserem os defensores de novas Jerusaléns: a qualquer pessoa de bom senso não convence a imagem de sociedades tão perfeitas que proíbem seus cidadãos de delas sair.

Não vou mergulhar no mar de depoimentos e bibliografias de pessoas que de lá saíram, sem falar nos crentes que para lá foram e de lá voltaram sem fé, sem falar no noticiário dos “jornais” — se é que press-release é jornalismo — que desses países nos chegam. Entrar nesta discussão é repetir meio século de testemunhos. Prefiro um atalho: derrubem o Muro de Berlim, concedam a cada cidadão destes países o direito a passaporte e a possibilidade de usá-lo quando bem entendam.

Os brasileiros estão fazendo turismo em massa em Cuba, não é verdade? Não só em Cuba, como pelos Estados Unidos e Europa. Turismo é comércio de ida-e-volta, não é verdade? Quando veremos, então, cidadãos cubanos circulando livremente pelo Brasil e pelo mundo? Quando veremos o Jornal do Brasil, O Estado de São Paulo, Le Monde, El País, distribuídos nas ruas de Havana? Mais ainda: quando veremos o Granma distribuído no Brasil? Não há restrição alguma no atual Brasil à imprensa cubana, e se o Granma aqui não está, será por certo por pudor dos guardiães do gulag caribenho, que não ousam exibir como jornalismo um diário oficial.

Não quero repetir argumentos que repito há mais de décadas. Mais ainda: não quero repetir as denúncias de Panaïti Istrati, Camus, Gide, os precursores. Cansa-me falar da affaire Kravchenko, de 1949. Cansa-me repetir as denúncias de Kruschov no XX Congresso. Se meus contestadores tivessem lido com atenção John W. F. Dulles — copiosamente documentado, como diz Gilson Pereira — lembrariam que Stalin enviou, para comunizar o Brasil, três devotos, a saber: Luís Carlos Prestes, de cognome Garoto; o argentino Rodolfo Ghioldi, o Índio, e o alemão Artur Ernst Ewert, o Negro. Os membros do Partido passaram a designá-los por seus codinomes e, quando a eles se referiam, diziam: “GIN disse isso, GIN pensa assim”.

Sem falar em Olga Benário, cidadã berlinense e oficial do Exército Vermelho, que desembarcou com Prestes — consta que após tê-lo desvirginado — aqui na praia do Campeche. As esquerdas até hoje condenam Vargas por tê-la deportado para a Alemanha. Acontece que mais tarde Prestes apoiou o homem que enviou sua mulher à morte, sem falar que condenou à morte Elza Fernandes. Por favor, que Gorbachov abra os arquivos de Moscou, só depois começarei a pensar em transparência. Se GIN continua pensando assim, há muito deixei de ser fanático.

É triste, mas ao mesmo tempo compreensível, ver que, se a Europa já renegou o stalinismo, os latino-americanos ainda o adotam como conduta. E os tempos são propícios. A múmia de Joseph Vissarionovitch Djugatchivili deve estar se remoendo de inveja com os funerais sangrentos do aiatolá Khomeiny. Cansei, disse, não quero voltar a esta discussão já exaurida na Europa. Só quero, em meio à saraivada das carpideiras, salientar dois itens.

Primeiro, meu artigo nada tem a ver com o macartismo dos anos 50, para começar nessa época eu vivia em Dom Pedrito, longe de qualquer debate do gênero. Todos os testemunhos que constituem o corpo de “Lá!” partem, ou de minha experiência pessoal em alguns países comunistas, ou de depoimentos que recebi de jovens que fogem daquele mundo, e os últimos depoimentos são de dois meses atrás. Bem que gostaria, não apenas de revelar minhas fontes, como também de entrevistá-las. Mas como entrevistar alguém que deixa reféns no país do qual foge? Muito me alegraria saber que tudo que escrevi naquela crônica são águas passadas, coisas dos anos 50. Acontece que não são.

A meus interlocutores, que tanto defendem a utopia comunista, sugiro que para lá viagem. Mas, por favor, não em excursões. Que viajem sozinhos, como se viaja em qualquer país da Europa de cá, podendo escolher hotel, restaurantes, itinerários, anfitriões, amigos, interlocutores. Digo mais: que tentem viver dois ou três anos em tais regimes e, se o conseguirem, depois me contem se ao descer neste mundo podre ocidental, não lhes acomete a vontade de curvar-se e beijar a terra, como faz o João Polaco por onde anda.

Segundo: se alguém denuncia o totalitarismo nos países comunistas, não falta quem evoque a miséria do lado de cá, no caso, a do Brasil. Certo, miséria existe em meu país, urge erradicá-la e, o que é pior, dentro das atuais propostas políticas, não vejo como erradicá-la. Mas há uma diferença: se um cidadão qualquer, habitante de qualquer favela, quiser instalar sua carrocinha de cachorro-quente, jamais será considerado um inimigo da sociedade perfeita. E se, com o lucro de sua carrocinha, quiser viajar, seja a Rivera ou Assunção, seja a Buenos Aires ou Paris, autoridade alguma lhe barrará a saída. Não estou falando de utopias: quem gere uma carrocinha de cachorro-quente hoje, neste Brasil, pode ganhar bem mais que um jornalista ou professor universitário. Diga-se o que quiser deste Brasil e seus problemas. Mas dele não é proibido sair. Xingar o presidente é rotina, denunciar a corrupção não leva à Sibéria. Verdade que tais denúncias geralmente têm caído no vazio, mas o problema já não é mais da alçada da imprensa. Este debate nesta página seria inconcebível em qualquer das sociedades defendidas por meus contestadores.

Viajem, meninos, viajem. Viajem e comparem. Mas, por favor, repito, jamais em excursões organizadas. Viajem sem mordomias e sem preconceitos. Viajar a um país só não vale. Um nordestino, por exemplo, que acha que chinelo de dedo é sapato, certamente se deslumbrará com as botas dos moscovitas. O paraíso é lá, onde todo mundo anda calçado. Acontece que em um inverno lá deles, andar descalço é suicídio. No Nordeste, passa por conforto. Aos que defendem regimes que não conhecem, ou que, se os conhecem, conhecem-nos como turistas, sugiro conhecer outros países e sistemas. O homem só valora comparando.

Tenho um amigo que bordejou os países socialistas, sem jamais neles penetrar, com medo de ver feita em cacos sua utopia de juventude. Em Berlim Ocidental, olhou de binóculos o paraíso. Mas não ousou atravessar o Muro. Hoje, tenho assistido o fenômeno inverso. Os peregrinos que rumam a Cuba ou Nicarágua, em geral recusam-se a visitar o Chile ou Argentina, bem mais próximos e baratos e livres, temendo ter de renunciar a seus dogmas. Pertencem a uma geração de jovens envelhecidos antes da idade normal do fenômeno, como diria Machado.

“O socialismo, para Cristaldo, é um inferno”. Este tipo de socialismo para mim é, de fato, um inferno. Verdade que lá as pessoas riem e choram, cantam e dançam, bebem e trabalham, como sói acontecer em todo e qualquer país, por pobre que seja. Mas a opressão paira no ar, podemos respirá-la mal se atravessa a fronteira. Isto não li na imprensa “burguesa e comprometida”. Isto respirei nos países por onde andei. E se o leitor quiser ter uma pálida idéia do que o espera por lá, que passe em uma agência qualquer de turismo e peça a seu agente: olha, preciso estar em Roma dentro de 24 horas. Se houver vaga em avião, pode chegar lá até mesmo antes. Mas digamos que o leitor mudou de idéia, precisa estar em Moscou na semana que vem. E depois, por favor, me conte o que o agente lhe disse. Totalitarismo, mesmo de longe, fede.

Viajem, velhotes. Viajem e comparem e depois me falem. Quanto ao resto, perguntou-me um dia minha filha o que era o infinito. Em seus seis anos, claro que não falava da noção matemática de infinito. Seu cérebro já começava a ser invadido pelo obscurantismo papista, pois toda escola, mesmo a leiga, está por ele contaminado. Enfim, a pergunta havia sido feita e uma resposta era esperada. Tentei uma ao alcance de sua compreensão, algo que fosse tangível, palpável:

— Infinito, minha filha, é a burrice das esquerdas.

Joinville, A Notícia, 18.06.89

sexta-feira, 11 de novembro de 2011

Para não esquecermos um mundo que já foi embora (e não voltará, espero...)


Para que a gente não esqueça o que tivemos de ouvir (e, em menor grau, ainda temos), trascrevo artigo publicado por Janer Cristaldo no jornal A Notícia, de Joinville, em 11/12/1988


FAVOR NÃO BRANDIR MARTÍ
Janer Cristaldo, 11/12/1988

Fui convidado, certa vez, a um debate em torno ao socialismo, do qual participavam vários intelectuais marxistas. Por socialismo, no caso, entenda-se socialismo soviético, é melhor deixar claro isto desde o início, particularmente nestes dias em que todo mundo fala de socialismo sem especificar a qual se refere, se ao socialismo do Leste europeu, da Iugoslávia ou da Albânia, ou das social-democracias européias, regimes estes fundamentalmente capitalistas mas de economia muito mais socializada do que a das ditas “democracias populares”, pleonasmo só concebível em intelectuais sem noções mínimas de grego. Enfim, etimologia à parte, meus colegas de mesa abriram o debate louvando a eficácia, o humanismo e o caráter revolucionário das teorias marxistas.

De Marx, pouco ou nada entendo, e vou dizer porque não entendo. No dia em que me dispus a enfrentar O Capital, percebi que necessitaria de bases anteriores de matemática, estatística, economia, história da Europa e particularmente da Inglaterra no período da Revolução Industrial. Em suma, para poder entender o economista Marx (até hoje não sei porque o consideram filósofo) eu necessitava de alguns anos de formação que não me dispunha a desperdiçar para tão-somente entender um livro. Leigo em matéria de teorias, modestamente me restringi a contar o que vi em minhas andanças por países socialistas, favor não confundir com as social-democracias.

Estive em Berlim Oriental, na Romênia e na Bulgária. Estive ainda na Iugoslávia, regime socialista peculiar, o único onde os nacionais podem sair do país sem maiores problemas e onde, em certas repúblicas, há uma economia dinâmica. Pequenos fatos do cotidiano nos oferecem robustos elementos de comparação.

Por exemplo: é meio-dia e você quer almoçar. Sem ir muito longe, até em Florianópolis o turista encontra um restaurante onde, com mais ou menos sorte, há boa oferta de pratos. Pois estive um dia em uma das capitais mais ricas do mundo socialista e localizar um restaurante foi uma epopéia que me exigiu mais de hora. Mesmo com amigas que falavam fluentemente o alemão, não foi tarefa fácil encontrar um, escondido no segundo andar de um monstruoso bloco de concreto, sem placa alguma que o anunciasse.

Enregelado, minha carcaça submetida a sei lá quantos graus abaixo de zero, esperei mais de hora em uma fila de resignados cidadãos. Tomasse o metrô e voltasse a Berlim Ocidental, quatro mil casas de restauração me atenderiam em um segundo, com carinho e calefação. Enfim, cheguei finalmente à porta, quando Sua Eminência, o Garçom, com um gesto ríspido me ordenou entrar. Penetrei em um galpão imenso, onde mesas imensas, situadas a enormes distâncias umas das outras, esperavam humildemente ser atendidas. Um cardápio me oferecia uma vintena de pratos, mas pelo menos na hora de escolher o garçom foi gentil: melhor nem tentar, só tem o prato do dia. Eu estava em um restaurante de luxo, em Berlim Oriental.

Transportei-me então — em meio ao debate — para Mangália, cidade balneária romena, às margens do Mar Negro. Era verão e a moça que me acompanhava, julgando muito caros os maiôs de Paris, decidiu deixar para comprar um honesto maiô socialista. Não sei, não — objetei — tens certeza de encontrar maiô por lá? Respondeu-me com um gesto indignado, quase ofensivo.

Resumindo: após revirar Mangália inteira — cidade balneária e dirigida ao turismo europeu, insisto — em pleno verão, ela teve a ventura de encontrar dois maiôs: um era verde e outro azul. Quanto às dimensões, que se lixasse. Mas isto é o de menos.

Estávamos em um hotel de primeira classe e já na primeira noite o garçom perguntou-me que desejávamos para o almoço do dia seguinte e estendeu-nos uma tira suja de papel mimeografado onde devíamos optar entre porco ou frango. Não que fôssemos muçulmanos, mas preferimos frango. Café ou chá? Café. Dia seguinte, deu porco com chá da China. “Desculpe, mas frango e café estão em falta”. Hóspede de um hotel de primeira classe, pago em moeda forte, imaginei então o que seria a vida de um romeno, detentor de magros leu, a moeda local. Nem foi preciso imaginar: supermercados vazios, clientes disputando a tapas um pedaço de carne e isso que o pedaço era disputado por aqueles que tinham poder aquisitivo suficiente para comprá-la.

O verão fazia jus ao nome. Céu de brigadeiro, na praia os turistas eram brindados com alegres canhoneios de barcos de guerra ao largo. Minha companheira, ostentando seu magnífico maiô verde — e magnífico aqui é superlativo de grande mesmo, que outro número não tinha — desceu comigo à praia, justo no momento em que dois garçons começavam a abrir um bar. Uma hora de sol e pensamos em uma cerveja. Fui lá buscar.

Ah, cerveja não tem. Enfim, água mineral? Muito menos. Tentei outras hipóteses. Existe na Romênia uma cachaça feita á base de ameixa, o haidouc, aguardente típico do país. Também não tem.

Estávamos sob domínio soviético, pensei, quem sabe um vodca. Nem pensar. Parti então para a utopia: serve então um uísque, pode ser? Nem em sonhos. Por curiosidade, já que nem no deserto me ocorreria tal idéia, pedi uma Coca, Pepsi, ou um refrigerante qualquer. Negativo. Não há nada para beber, então? Nada. E para comer, o que é que tem? Nada.

Nada não entendia eu. Era aquilo um bar? Era, disse o garçom. Estava aberto? Claro que estava, o senhor não está vendo? Eu estava vendo. Mas não há nada para comer ou beber? Não. E por que não há? Porque o distribuidor não trouxe, ora bolas!

Contava eu estas histórias — e contei muitas outras, por exemplo, a dos turistas internos tirando fotos junto a maquetes de veleiros, porque veleiro, que é bom, nem pra remédio, pois bom velejador em dois dias chega às costas da Turquia, sem falar nos vigias de praia, assessorados por cães e metralhadoras de baioneta calada, assestadas contra o primeiro nacional que ousasse abordar um turista em busca de dólares, sem falar na moça da portaria com cara de sargento, que quando reclamei da falta de papel higiênico me perguntou: “quantos dias o senhor vai ficar aqui?”. Neste hotel, dois dias. Olhou-me então de alto a baixo, avaliou meu metabolismo, rasgou uns dois metros de um rolo e passou-me as tiras — enfim, contava eu essas coisas e muitas outras contaria se mais tempo tivesse, quando o organizador do debate interrompeu-me:

— Não é para isso que te convidamos. Estamos discutindo o socialismo em teoria.

Desculpei-me. De teoria eu nada entendia, só conhecia os dados da realidade. As teorias são brilhantes. Na prática, a teoria é outra.

Estas considerações surgem à propósito do artigo de Gilson Pereira, “O coro dos contentes”, publicado domingo passado, onde o autor contesta algumas observações minhas após uma visita a Santiago do Chile. Diz Gilson jamais ter ido a Santiago — o que já não o autoriza muito a falar de Santiago — e acresce ser um daqueles 80 por cento de brasileiros que provavelmente jamais cruzará a fronteira, por absoluta falta de condições. Cantiga para ninar pardais, como dizem os lusos. O articulista demonstra excelente domínio do vernáculo, e mesmo da lógica — a ponto de sofismar à vontade — e hoje, qualquer pessoa que tenha chegado a este quociente mínimo intelectual é homem que, ou viajou, ou não viajou porque não quis. Diz não ser economista, mas brande a teoria da escola monetarista de Chicago. E assim explica o atual período de prosperidade vivido no Chile. Cito literalmente: “repressão ao movimento de massas, arrocho salarial e grandes investimentos estruturais”.

Confesso que nada sei da escola de Chicago. Mas de Stalin entendo um pouco. Sua política foi exatamente essa e mais, continua sendo. Mesmo sob o signo da glasnost e perestroika gorbachovianas, as massas continuam sendo reprimidas (vide os armênios do Azerbaijão e, certamente dentro em breve, os estonianos) e liberdade sindical, que dizem os petistas ser bom, digno e justo e justo, nem sombra dela nas repúblicas soviéticas. Esta política começou com a repressão e morticínio dos kulaks sob Stalin e tem sua seqüência com Lech Walesa. Os grandes investimentos estruturais na América do Sul, pelo menos, ainda não se traduzem em armamento nuclear e militarização do espaço. Em suma, como lemos no Eclesiastes, nada de novo sob o sol.

Com uma diferença: nos países soviéticos esta política não deu certo e hoje a URSS é uma “confederação” que permanece um século atrás da era moderna, onde instrumentos banais do nosso cotidiano, como o xerox e o telefone, são inacessíveis ao cidadão comum. Estou apenas seguindo a argumentação de meu interlocutor, pois não sendo especialista em questões econômicas — e muito menos chilenas — não tenho a mínima idéia a que se deve a atual prosperidade do Chile. É curioso, no entanto, que alguém que jamais atravessou a Cordilheira, tenha uma resposta certinha para explicar uma realidade que jamais viu. O que mais fascina os jovens no marxismo, a meu ver, é esta possibilidade de entender o mundo através de fórmulas figées. Acontece que o universo é por demais complexo para ser captado a partir de doze lições.

Gilson Pereira tem também uma resposta na ponta da língua para explicar a pluralidade de informações que encontrei em Santiago, seja em livrarias como em quiosques de jornais: “para mim está meridianamente claro que o Chile colhe hoje o que plantou no passado”. O que não passa de uma colossal lapalissade, afinal, todo presente, seja qual for, é conseqüência imediata de um passado.

Acontece que o passado do articulista é imediatíssimo, é o de ontem: “Seriam necessários pelo menos mais duzentos anos de ditadura para apagar do Chile as marcas da experiência socialista do governo Allende”. A assertiva carrega em seu bojo a fé de um crente. Mais cauteloso, não me parece que alguns anos de governo possam criar leitores que consomem jornais russos, poloneses, suecos, franceses, ingleses, italianos, americanos e vou ficando por aqui, já que não me preocupei em listar tudo que vi nas bancas.

Que mais não seja, que fatores teriam levado Eça de Queiroz a escrever, em 1890: “Haverá talvez Chiles ricos e haverá certamente, Nicaráguas grotescos”? Todo presente decorre fatalmente de um passado, mas o passado de Gilson é por demais curto e tendencioso. Passado é um conceito elástico, espichado por cada um conforme suas próprias conveniências. Na Espanha, eu me divertia às custas dos madrilenhos quando tentavam provar-me, por exemplo, que Sêneca era um pensador espanhol.

Allende se professava marxista. Desafio meu interlocutor a citar um regime, um só regime marxista, onde haja pluralidade de expressão e informação, onde livrarias e quiosques estejam repletos das mais diversas formas de pensamento.

É ocioso contar mortos, afirma Gilson. Eu diria que não. Até mesmo por uma questão de ofício, jornalistas, estamos sempre contando mortos. O que me desagrada é a diagramação da contagem. Em julho de 83, eu estava na Itália quando começaram uma série de manifestações em Santiago. DOIS MORTOS NO CHILE — titulava um jornal italiano. CINCO MORTOS NO CHILE — dizia outro na manhã seguinte. Passei à França: DEZ MORTOS NO CHILE. (Estes números eu os cito de memória, talvez não sejam exatamente estes, mas a progressão era esta).

Já na Espanha — e sempre em garrafais nas primeiras páginas dos jornais — Pinochet havia matado uma dúzia ou mais. Que a imprensa denuncie tais fatos é salutar. Foi aí que apanhei um Le Monde, talvez um Le Matin, em Madri. Posso não lembrar muito bem o jornal. Lembro apenas que, na última página, uma notinha telegráfica, sem destaque algum, noticiava: russos matam 250 no Afeganistão. Gilson cita Engels: a violência é a parteira da história. Pode ser que tenha sido, meu caro. Mas já está na hora de fugirmos a esse fatalismo tão grato a velhotes gagás como Antônio Callado, que quando babam na gravata, babam ódio e sangue. Não penso ser ocioso contar mortos. Infelizmente, temos de contá-los.

Ao reivindicar como seu modelo intelectual o cubano José Martí, o articulista faz-me lembrar meus alunos de Letras que, ao ver na televisão Quanto mais Quente Melhor ou O Anjo Azul sonhavam, idílicos: “já pensou? Eu tomando um trago com a Marylin na Florida, convidando a Dietrich para uma esticada noturna em Paris?” Nesta nossa era televisiva, passado, presente e até mesmo o futuro parecem ter sido mesclados em um tempo só. Como as imagens são oferecidas simultaneamente no vídeo, os jovens gostariam talvez de achar o número de telefone da Monroe ou quem sabe contemplar as pernas célebres da Dietrich, que hoje tem pelo menos o pudor de escondê-las em seu refúgio parisiense.

Pior mesmo, só quando essa mixagem de tempos — recurso inerente ao cinema — é transporta para a história ou literatura e é isto que faz Gilson, quando insere Martí na Cuba contemporânea. Que sempre lutou pela independência de Cuba e dos países latino-americanos, isto todos sabemos, e talvez muito poetinha de esquerda que adora falar em Nuestra America ignore ter sido Martí quem cunhou tal expressão. Gilson tem em mãos o epistolário. Boa leitura. Mas conheceria melhor o poeta se tivesse suas obras completas.

Constataria, por exemplo, nos Discursos, a fé de Martí no futuro de Cuba e na capacidade de os cubanos governarem-se livremente, a fé de Martí no continente que ele considerava ser o da esperança humana. Seria também interessante ler El Presídio en Cuba, de 1871, fruto de sua condenação ao regime de trabalhos forçados. O livrinho tem mais de um século, mas sua publicação seria atualíssima na Cuba de Castro, afinal presídios, sejam os de ontem, sejam os de hoje, em pouco ou nada diferem.

Martí contesta efetivamente a hegemonia ianque. Mas contestou-a estabelecido em Nova York, onde foi cônsul, sucessivamente, do Uruguai, Paraguai e Argentina. Constituiria um interessante exercício intelectual imaginá-lo hoje em Cuba, contestando a ditadura de Castro.

Por outro lado, se contestava a hegemonia econômica e política dos Estados Unidos, era homem fascinado pela cultura de seus irmãos do Norte, a ponto de estudar, em Norte-americanos, as obras de Emerson, Beacher, Cooper, Wendell Philips, Grant, Sheridan, Whitman e fico por aqui.

Yo quiero cuando me muera
sin patria, pero sin amo
tener en mi losa un ramo
de flores y una bandera.

Martí, pensador libertário, morreu em 1895. Que seu cadáver — por favor! — não seja brandido em defesa de tiranetes dos trópicos.

Joinville, A Notícia, 11.12.88

terça-feira, 8 de novembro de 2011

Afinal, quem é Dilma?


Celso Arnaldo: ‘Depois de dez meses desastrosos, continua a farsa da supergerente Dilma Rousseff’
Augusto Nunes, 07/11/2011


Ilustrados pela foto do auditório deserto, quatro trechos pinçados por Celso Arnaldo Araújo foram suficientes para escancarar de novo, sempre com apavorante nitidez, a superlativa mediocridade de Dilma Rousseff. Mas o jornalismo oficialista é duro na queda: colunistas de grandes jornais continuam enxergando na chefia do governo a supergerente que nunca existiu. Justificadamente espantado com o que a turma andou escrevendo sobre a presidente que não diz coisa com coisa, Celso Arnaldo valeu-se de outro texto irretocável para tratar da epidemia de cegueira voluntária. (AN)


As dezenas de profissionais que integram a Secretaria de Comunicação Social da Presidência da República são pagos para defender a chefe. E não há melhor forma de defesa do que a mistificação — arte de mentir sem faltar com a verdade, que no caso é uma questão de crença pessoal. Por isso, não questiono jamais o tom e o teor das matérias do Blog do Planalto, que faz um trabalho parecido com o website oficial da monarquia britânica. Nós pagamos para essa gente defender a rainha. É a regra do jogo.

Mas a coisa muda de figura quando a tarefa de mistificar o perfil de Dilma se estende à nata de nosso jornalismo político – que, depois de dez desastrosos meses de governo, continua comprando, e vendendo aos leitores, a velha farsa de Dilma como a supergerente que comandou a escalada do Brasil das cavernas para o Primeiro Mundo, no governo Lula.

Na página A11 da Folha deste domingo, o sempre comedido Fernando Rodrigues ainda insiste no surrado mito, desmontado a cada razia da mídia no ministério da presidente, da chairwoman perfeccionista, onipresente e onisciente, perto de quem Steve Jobs se pareceria com o dono de uma falida oficina de máquinas de escrever.

Escreve FR, a pretexto de justificar o ritmo lento, quase parado, com que o governo toma decisões e implementa programas fartamente anunciados pela máquina de propaganda: “Não há hipótese de a presidente receber algum interlocutor para tratar de alguma obra ou projeto governamental sem estar devidamente brifada a respeito (…) Dilma raramente vai se contentar com primeiras explicações. Fará perguntas adicionais e o encarregado terá de voltar aos estudos”.

Que lindo. A presidente não se contenta com primeiras explicações, mas achou o programa Segundo Tempo mais perfeito que uma jogada de Neymar – aquele que “eu vi, deixei de ver, voltei a ver”. Quem a brifou? Na certa, Orlando, depois de estudar muito o modus operandi dos ongueiros amigos.

Não fosse VEJA, o encarregado Orlando e sua quadrilha de malandros que roubam por esporte estariam ainda na zona do agrião, livres de marcação para estufar o cofre. Quantos níveis de explicações – segundas, terceiras, quartas? – Dilma exigiu para compreender a tática “ladrão de bola” do Segundo Tempo?

Não é só. Ao lado da “análise” de FR na Folha há outro texto, assinado por Natuza Nery, que traz o seguinte olho: “Dilma criou ritual de ‘espancamento’ de projetos, em que faz questionamentos para ver se a ideia fica de pé”.

Quem, em sã consciência, de posse de suas faculdades mentais e decentes, realmente acredita nessa imagem tão pífia? Essa postura “épica-ética” de governar combina com os 10 meses da Presidência Dilma? Não fosse a imprensa, a roubalheira dos projetos de ministérios até aqui implodidos ainda estaria de pé, apesar de cruelmente “espancados” por Dilma.

A mistificação se ramifica por todos os segmentos da mídia. No circuito Elizabeth Arden, a revista Poder dedica sua capa a Dilma. Mas a presidente manchetada na capa se parece com a que tomou posse em janeiro, não com a que vaza um ministro por corrupção a cada mês e meio:

SENHORA DO DESTINO – Rigorosa com subordinados e aliados, elogiada até pela oposição, como a presidente Dilma vem mudando o jeito de governar o país.

Qual é, exatamente, o novo jeito de governar dessa mocinha da novela das 9? O jeito de entregar ministérios com porteira fechada a larápios da base aliada? O jeito de levar a sério a promessa de construir 6 mil creches em quatro anos de governo? Madame, by the way, já inaugurou alguma, nesses 10 meses? No corpo da matéria de oito páginas, a revista explica esse jeito novo de governar o país, reproduzindo fielmente o delírio de um assessor direto:

“A presidente só faz perguntas difíceis. Na hora de despachar, é melhor estar preparadíssimo para respondê-la, caso contrário, é bronca na certa”.

Notaram? É preciso estar preparado para “respondê-la” — bem ao estilo Dilma. Um assessor com algum nível deveria estar preparado para responder ou responder a ela. Na verdade, a presidente só faz perguntas difíceis porque não sabe fazê-las fáceis. Quando se leu ou se ouviu em algum lugar uma pergunta ou uma resposta de Dilma que fosse fácil de fazer sentido?

É o caso de dizer: roubem à vontade – mas nos poupem.

segunda-feira, 7 de novembro de 2011

Caro x barato

Recebido de um colega do Bacen, 07/11/2011

“Se pensam que a educação é cara, experimentem a ignorância”
“Se pensam que a saúde é cara, experimentem a doença”
“Se pensam que a civilização é cara, experimentem a barbárie”
“Se pensam que a vigilância é cara, experimentem a corrupção”
“Se pensam que a democracia é cara, experimentem a ditadura”
“Se pensam que a imprensa livre é cara, experimentem a censura”
“Se pensam que o debate é caro, experimentem o dogmatismo”
“Se pensam que a liberdade é cara, experimentem o totalitarismo”
“Se pensam que o capitalismo é caro, experimentem o comunismo”
“Se pensam que o estado laico é caro, experimentem a teocracia"

Não é a toa que liberdade para certos povos é inegociável: o que não tem preço, não entra em barganha nenhuma..

Agora para outros, basta um gaiato prometer para venderem a liberdade por preço vil..

Att
Nildson de Avila Silva