sexta-feira, 8 de julho de 2011
El fin de Chávez y el gobierno cubano
Carlos Alberto Montaner
08/07/2011
La prioridad de los servicios cubanos es apuntalar al chavismo en el poder a cualquier costo. Dan por sentado que Chávez se morirá pronto y hacen planes. Están en estado de alerta y se mueven en esa dirección a toda máquina. Cuando Adán Chávez, el hermano mayor de Hugo, ya al corriente del cáncer que afectaba al Presidente, regresó de Cuba hace unos días y dijo en Caracas, públicamente, que había que pensar en defender a la revolución bolivariana por cualquier vía al margen de las elecciones, estaba describiendo el punto de vista y la desesperada estrategia de La Habana.
Era predecible. Raúl Castro y su hermano tienen buenas razones para temer que Chávez, si se muere, se lleva a la tumba a la revolución cubana. Esos 100,000 barriles diarios de petróleo, y los copiosos subsidios que le concede a la Isla, son el principal sostén de una dictadura asombrosamente improductiva, como no se cansan de denunciar los propios mandamases del régimen. Si se corta ese flujo de recursos la hecatombe sería mayor que la padecida cuando desaparecieron la URSS y su generoso subsidio. Entonces, a principios de los noventa, la capacidad de consumo de los cubanos se contrajo súbitamente en un 40%. Ahora sería peor.
El escenario que Raúl y Fidel temen es probable que suceda: la cúpula chavista, sorprendida por la desaparición del caudillo venezolano, se divide y es barrida en las urnas. Eso es lo que quieren evitar. Todos saben que en ese país no hay nadie en las filas oficialistas que despierte simpatías populares. Chávez no creó un partido sino un coro de sicofantes. Muerto o en medio de una prolongada etapa agónica, simplemente, no tiene sustituto. Por eso Adán comenzó a preparar las condiciones para un escenario violento. Tratarán de imponerse por la fuerza y la represión utilizando a los chavistas cercanos al castrismo, más o menos como Moscú, durante la Guerra Fría, dominaba a sus satélites utilizando a los camaradas locales prosoviéticos. Lejos de pactar un acuerdo pacífico con la oposición, van a “radicalizar el proceso”, como dicen en la jerga. En ello les va la vida.
El fin de la colaboración entre La Habana y Caracas conlleva otro aspecto muy grave para los Castro. En Venezuela hay unos sesenta mil cooperantes cubanos. Si el chavismo pierde el poder tendrían que repatriarlos rápidamente y temen que un porcentaje grande intente quedarse. Hay planes de contingencia para evacuarlos por cualquier medio en una especie de Dunkerque caribeño si la situación se hace muy crítica, pero antes de llegar a ese punto el gobierno de Raúl Castro hará cualquier cosa por mantener su jugosa colonia.
Los demócratas venezolanos de la oposición, naturalmente, no se cruzarán de brazos. No son idiotas. El mensaje que ya le están susurrando al oído a los diputados chavistas y a los militares con mando de tropa va en la otra dirección: es inútil tratar de convertir el gobierno de Caracas en una dictadura procomunista contra la voluntad del 80% de todos los venezolanos, incluida la mayor parte de los chavistas, como confirman todas las encuestas. Ese intento terminaría en un baño de sangre. No hay chavismo sin Chávez y nadie sabe exactamente qué es la revolución bolivariana más allá de un inmenso desorden que se ha tragado un billón (trillón en inglés) de petrodólares mientras demolía una buena parte del tejido empresarial. Llegó el momento de quitarle la mecha a la bomba de tiempo mediante unos comicios honrados y el compromiso de no pasarle la factura a nadie por los 12 años de chavismo.
Los chavistas –dicen– no pueden ni deben subordinar los intereses venezolanos a la conveniencia de Cuba. Para ellos (por lo menos para los que ya están al habla con sus adversarios) la desaparición del teniente coronel es una oportunidad de consolidar dos grandes fuerzas políticas de centroderecha y centroizquierda que, recurriendo a procedimientos democráticos, le den estabilidad al país tras la desaparición de Chávez.
Es probable, en suma, que Cuba no consiga imponer su voluntad en Venezuela, pese a todo el empeño que ponga en el esfuerzo. Cuando Moscú era la metrópolis del mundillo comunista de Centroeuropa, tenía varias divisiones del Ejército Rojo ocupando el territorio de sus satélites y les suministraba petróleo y gas a precios preferenciales a esos países. La relación de Cuba con Venezuela es diferente. Los satélites de la URSS en gran medida eran parásitos económicos de Moscú. Cuba es un paraíso de su satélite. Los venezolanos no necesitan para nada a los cubanos. Esa relación de fuerzas acabará prevaleciendo.
www.firmaspress.com
© Firmas Press
Read more: http://www.elnuevoherald.com/2011/07/03/972330/carlos-alberto-montaner-el-fin.html#ixzz1RXoMoWVA
sexta-feira, 1 de julho de 2011
Humor: Chávez
Frase da semana
“El Comandante Hugo Chávez se encuentra en Cuba en grave estado de salud por causa de uma bactéria. Los invitamos a todos a orar por la salud de la bactéria, que resista a los antibióticos y que sea fuerte para que pueda culminar com êxito su misión.”
Pão de Açúcar + Carrefour
Boi no churrasco
José Paulo Kupfer
Estadão, 29 de junho de 2011 | 15h23
Se instado a se pronunciar, o Conselheiro Acácio, com a devida solenidade, declararia que, quando duas empresas gigantes do mesmo ramo e com atuação nas mesmas praças se juntam, o que resulta é uma concentração de mercado. Se essa concentração beneficiará os consumidores e demais envolvidos são outros quinhentos. Há exceções, mas a regra é que não beneficiem.
No caso do anunciado projeto de fusão do Pão de Açúcar com o Carrefour, saber a quem o negócio beneficia não será missão simples. Mas, numa primeira visada e raciocinando por exclusão, dá para ter uma ideia.
Os funcionários são, em boa parte das grande fusões, as primeiras vítimas. Apesar das juras em contrário, depois que o barulho em torno da notícia se dissolve, as lojas sobrepostas – e, no caso, são muitas – são fechadas e empregados remanejados ou dispensados. Pão Açúcar e Carrefour empregam mais de 150 mil pessoas.
Fornecedores das duas redes que pretendem se juntar também não estariam entre os beneficiados. O poder de fogo de cada empresa em separado já é grande o suficiente para tornar um tanto desequilibrado o jogo das suas compras no atacado.
O Casino, sócio francês do Pão de Açúcar, concorrente do Carrefour na França, é outro que não entra na lista dos que saem ganhando. Independentemente do cala-boca em dinheiro que possa acabar levando na operação, sua participação na nova empresa será reduzida e a opção de compra futura do controle do Pão de Açúcar, parte do contrato que mantém com o grupo brasileiro, vai por água abaixo. É compreensível que sua direção esteja esperneando.
Do sócio estatal do projeto de fusão, o BNDESpar, braço de participações em empresas do BNDES, que entraria com o grosso do dinheiro, se pode dizer que, eventualmente, terá ganhos financeiros futuros. Mas, para seu mantenedor, o contribuinte brasileiro, é difícil que haja alguma vantagem. Mantido por fundos públicos, formados com dinheiro do contribuinte brasileiro, o BNDESpar não deveria decidir sua participação apenas com base nos cálculos de retorno financeiro. No mínimo, teria de medir os custos alternativos produzidos pelo desvio de recursos de outros projetos mais estratégicos para o País.
Por meio do BNDES e do BNDESpar, nos últimos anos, aportando dinheiro público, o governo tem viabilizado um número crescente de fusões. Algumas, como a absorção da Aracruz pela Votorantim, na área de papel e celulose, e a da Sadia pela Perdigão, no setor de alimentos industrializados, foram autênticas operações de socorro. No caso desta última, o governo apoiou um negócio barrado pelo Cade. Pode repetir a façanha nessa operação Pão de Açúcar-Carrefour.
Em relação aos consumidores, a análise fica mais complicada. O consultor Cláudio Galeazzi estima que Pão de Açúcar e Carrefour juntos dominarão 27% do mercado varejista formal e 16% do total, aí incluídas as vendinhas informais. Mas esta é uma estimativa muito interessada em subestimar a real concentração que adviria da fusão, pela simples razão de que seu autor é sócio do banco de investimento BTG Pactual, mentor do negócio e sócio relevante da empresa resultante.
Há outras estimativas que apontam para o domínio de algo como um terço do mercado varejista, sem considerar a linha dura. De todo modo, a análise técnica, provavelmente, baixará ao nível da concentração por região ou mesmo sub-regiões.
Restam, então, três ganhadores líquidos e certos. Pão de Açúcar, Carrefour e BTG Pactual, o único ente privado que entraria com alguma moeda sonante no negócio. Não é à toa que as ações dos dois varejistas voaram ontem nas bolsas de São Paulo e Paris.
Chama a atenção que, sem o dinheiro do BNDES a operação não fecha. No churrasco que está sendo preparado, um entra com carvão, outro com sal, enquanto o banco público, mais uma vez, entra como boi.
Assinar:
Postagens (Atom)
